Amor Sin Barreras
El Johnny Tecate camina por el largo andador de Playas de
Tijuana cuando escucha, en la distancia, a un trío norteño, sombrerudo y
ganoso, tocando y cantando Las Mañanitas.
La curiosidad y los acordionazos, guitarreos, bajo sexto y
las voces chillonas hacen que el Johnny se acerque al lugar. Pegada al cerco
que hace de división fronteriza, junto a la mojonera que está detrás del faro
de Playas, una pareja de amantes une las palmas de sus manos sobre la malla de
acero. Ella seguramente cumpleañera, del lado gringo: él del lado mexicano.
Están separados por alguna razón que el Johnny desconoce; es como una escena de
la película Amor sin barreras, o West Side Story, aquella obra musical de
los años cincuenta que es una adaptación urbana y neoyorquina de Romeo y
Julieta, donde Romeo se vuelve Tony y Julieta se convierte en María y que, en
1961, fue la película donde se dio a conocer la actriz Natalia Wood actuando en
el papel de María.
Así el Johnny imagina a esa pareja desconocida, María del
lado gringo y Tony del lado mexicano, en donde la música de Leonard Bernstein
se adapta al trío norteño y Tony, orgulloso, después de cantar Las Mañanitas,
medio entona la siguiente estrofa:
El más bello sonido que jamás he escuchado:
María, María, María, María…
Todos los sonidos más bellos del mundo
En una sola palabra…
María
Este es, piensa el Johnny, el amor sin exilio, el amor sin barreras, el amor deadeveras, el AMOR con mayúsculas. Totalmente ajenos a lo que sucede a su derredor, la pareja se mira mutuamente a los ojos y la gente, curiosa, se acomoda en el pasto, en las rocas; otros abren las puertas de sus carros o bjaan los vidrios para escuchar las palabras de amor; unos sentados, otros parados, pocos en cuclillas. ¡Qué bonito! exclama una mujer como si estuviera viendo una telenovela o una película melosa y romanticona. En la distancia, una pareja de policías de la Border Patrol observa, desde su patrulla, sin comprender del todo la escena. Los vendedores de ramos de flores, los de los elotitos en vasos, los algodoneros y los fotógrafos, se acercan a la multitud listos para la venta del día.
Debido al aglomeramiento de personas en la malla fronteriza, las sospechas de la Border Patril, en su acostumbrada paranoia, hacen llegar inmediatamente dos helicópteros y, con el ruidero de sus hélices, flotan sobre la pareja que, sin inmutarse, continúa platicando y elaborando sus sueños de unirse allá en "el otro lado".
Con sus sofisticados aparatos de alta tecnología, los oficilaes gringos leen los labios y tratan de interpretar mensajes cifrados de terroristas en las palabras y frases que la pareja pronuncia: "mamacita, te amo, papacito, quiero, mi vida, muy pronto, anoche te soñe, me haces falta!, y otras que los gringos no comprenden como: "una revolcadita, nidito de amor, oloroso jardín, ya merito, tus piernas de bufanda", y otras simplemente incomprensibles.
Una viejita comienza a pedir una cooperación a los curiosos para pagar más canciones para la pareja. El público contento, saca monedas y billetes y los deposita en una bolsa de mandado. La viejecilla se acerca al trío y les da suficiente dinero para que toquen unas dos horas más y, entre todos, seleccionan canciones de amor y esperanza que escriben en una hoja de papel. Se improvisa una ceremonia donde todos los asistentes se convierten en padrinos y madrinas, los niños en pajes, el vendedor de flores le avienta sobre la malla todas las flores y uno de los más viejos, emocionado, pronuncia una letanía de la unión a pesar de las barreras, de la unió amorosa a pesar de la malla metálica.
Inmediatamente los oficiales gringos reciben de la central de inteligencia el resultado de sus indagaciones en sólo dos palabras: IN LOVE. Pero los oficiales no comprenden; ellos nada saben del amor, ellos nada saben de la alegría. Desconcertados regresan a su patrulla y miran con sus binoculares a la pareja que, mirándose a los ojos, escucha al trío cantando un poema de Neruda.
Tomado de: Castillo Udiarte, Roberto. "La Esquina de Johnny Tecate". Oasis Ediciones. Hermosillo, Sonora, MéxicoPágs 13-15



























